Analista de Datos, ¿Nuevo Paradigma Ocupacional?

Mirando en retrospectiva hacia tres décadas atrás, las profesiones y oficios más atractivos y prometedores no tenían un fuerte acento tecnológico. Sin embargo, la realidad actual nos sacude con un panorama arrebatador y desafiante con la irrupción del Internet, la tecnología móvil, redes sociales, dispositivos inteligentes, realidad virtual, etc. La gran cantidad de información que se genera es tan desbordante como impactante, por consiguiente, los paradigmas de interacción personal, profesional y comercial han cambiado a una velocidad exponencial provocando la demanda de servicios y profesiones que permitan sustentar esta vorágine tecnológica.

 

Acorde a la página web norteamericana Glassdoor, la cual realizó en 2016 un ranking de los 25 empleos más prometedores acorde a una ponderación de tres variables: número de ofertas de trabajo, salario promedio y opciones de promoción; el oficio de analista de datos quedó como primera opción, evidenciando una clara determinación del mercado laboral por ocupaciones que respondan a las nuevas realidades del presente milenio. Aunque este tipo de estudio puede sorprendernos con los resultados arrojados, no debemos obviar que hemos pasado de una sociedad informada de manera desigual y limitada a una sociedad hiperinformada, donde una importante representación de sus integrantes económicamente activos tiene acto de presencia intensivo.

 

Bajo este panorama, una interrogante nos puede asaltar en el pensamiento, ¿Qué podemos esperar de alguien que se dedique a analista de datos? La respuesta puede parecer muy obvia, sin embargo, no debemos perder la perspectiva del panorama presente, en el cual navegamos en un océano de información y gran parte de ésta no es relevante para nuestros intereses. Una persona que se dedique a este oficio debe ser capaz de identificar y extraer información útil de un alto volumen de datos, analizarla profundamente y presentarla de forma digerible que permita tomar decisiones de negocio de alto valor agregado. Esto nos lleva a una persona que no solo debe dominar modelos de análisis estadísticos y matemáticos avanzados, sino que debe entender el negocio e impulsar a que el mismo adopte cambios que fortalezcan su posición competitiva.

Entender el perfil de esta posición nos sitúa en una persona de corte global con actitudes muy orientadas a las innovaciones tecnológicas y amparado en un conjunto de competencias interesantes, tales como:

·         Dominio de modelos de análisis estadísticos, pronósticos, tendencias, regresiones y preparación de datos.

·         Capacidad de entendimiento con el nivel ejecutivo del negocio.

·         Comunicador fluido y efectivo.

·         Poseedor de una visión integral del negocio.

·         Propiciador del cambio.

·         Proactivo, creativo y colaborador

·         Dominio de herramientas tecnológicas (ACL, Tableau, SQL, MS-Excel, etc.)

 

Dada esta serie de cualidades mencionadas anteriormente, no es de extrañar que, en el año 2012, Harvard Business Review denominará esta profesión “la más sexi del siglo XXI”. En el nuevo mundo de la “Big Data”, donde nuestros rastros digitales quedan marcados como huellas indelebles en el ciberespacio y las redes sociales, se requiere de una dotación de profesionales que puedan afrontar las demandas y necesidades de empresas como Amazon, Google, Facebook, LinkedIn, Oracle, entre otras.  No obstante, no podemos obviar que los beneficios del análisis exhaustivo de información son cada vez más usados como parte fundamental en el diseño de las estrategias de empresas provenientes de sectores más tradicionales mediante la identificación de tendencias de consumos, perfiles de clientes, pronósticos, identificación de nichos rentables de negocios, entre otros.

 

Esta condición particular de demandas laborables de sociedades con un alto grado de desarrollo y vinculación con el aprovechamiento de las nuevas tendencias tecnológicas, es frecuentemente desapercibido por sociedades como la nuestra.  Las carencias fundamentales que persisten en el modelo de desarrollo vigente no permiten que la clase política y empresarial defina una visión de formación académica acorde al siglo XXI. No solamente puede considerarse la capacidad de oferta laboral en el corto y mediano plazo en nuestros mercados para desarrollar una carrera de este tipo, sino que como nación podemos convertirnos en un auténtico exportador de talento profesional de analistas de datos hacia los países de mayor requerimiento de especialistas en las áreas tecnológicas.

 

Solamente nuestro capital humano puede insertarse en esta nueva onda, si se le provee de un adecuado menú académico y curricular que les permita dominar las herramientas y destrezas necesarias que impone el torbellino tecnológico de esta nueva generación, una de las preguntas más inquietantes a responder es: ¿Cuándo vamos a iniciar?